• Isabel Sandoval

Tokio 2020 y mujeres

Tokio 2020 pasará a la historia como los primeros Juegos Olímpicos con paridad de género, teniendo un 49% de participación femenina. Sin embargo, los retos para alcanzar una verdadera equidad en la máxima justa deportiva aún persisten. A días de haber terminado el espectáculo, es importante hacer un recuento de algunos de los avances que se dieron en estos JJ. OO., y analizar los retos que quedan pendientes para París 2024.


La ciudad nipona fue testigo de la implementación de nuevos récords olímpicos, no solo en el ámbito deportivo sino también en materia de género. En esta sede fue la primera vez que todas las delegaciones contaron con participación femenina, en la que las mujeres compitieron en todas las disciplinas y en la que participaron personas transgénero. Asimismo, se duplicó el número de pruebas mixtas (18) y se mejoraron los horarios de transmisión para las competencias de la rama femenil.




De forma menos visible hubo dos cambios estructurales importantes. El primero de ellos fue el nombramiento de Seiko Hashimoto como presidenta de los JJ. OO. de Tokio 2020, convirtiéndola en la segunda mujer en ocupar este cargo. Su designación tuvo repercusiones importantes dentro del comité organizador, ya que promovió el nombramiento de doce nuevas dirigentes mujeres, con lo que aumentó la representación femenina del 15% al 42%. El segundo cambio importante fue la creación de nuevas pautas que buscan que los fondos económicos sean invertidos con perspectiva de género en cada uno de los comités olímpicos nacionales.


En términos deportivos, el alcance que tuvieron las atletas fue sin precedentes: impusieron nuevos récords mundiales (Elaine Thompson, Ariarne Titmus, Yulimar Rojas, Tatjana Schoenmaker, Sydney McLaughlin le), ganaron medallas históricas para sus delegaciones (Hidilyn Díaz, Peruth Chemutai) e incluso conformaron el podio olímpico más joven en la historia.


Dichas acciones trascendieron la cancha y dejaron lecciones importantes para la sociedad. Las gimnastas alemanas y An San -arquera surcoreana- demostraron que las mujeres tienen la libertad para elegir su atuendo dentro y fuera de la arena. Por su parte, Simone Biles trajo a la mesa un tema fundamental: la salud mental. Asimismo, atletas y madres lactantes como Kim Gaucher, Ona Carbonell, Alex Morgan, entre otras, levantaron la voz para visibilizar las labores de cuidado que realizan y exigir políticas que permitan conciliar la maternidad con el deporte.



Entonces, ¿qué falta por hacer? Los JJ. OO. de Tokio sacaron a relucir algunas de las desigualdades históricas que enfrentan las mujeres: la doble jornada laboral (como madres y atletas), la imposición de vestimentas y los comentarios machistas de la sociedad. Todo ello no se resuelve en un solo ciclo olímpico. En mi opinión, Tokio 2020, fue el escenario en el que las mujeres visibilizaron y tomaron acciones en contra de prácticas anacrónicas que obstaculizan su desarrollo como atletas y personas.


Por ello para París 2024, el Comité Olímpico tendrá que centrarse en escuchar las demandas que surgieron en este ciclo olímpico y además poner atención a otro tipo de datos.

Entre los que destacan promover la paridad de género no solo en la participación de atletas, también en el cuerpo técnico y directivo de cada una de las delegaciones.

Además de promover políticas para que las mujeres puedan compaginar la maternidad y el deporte sin verse en la necesidad de elegir uno sobre el otro.


Sobre todo es importante que el Comité comprenda que la paridad de género no solo abarca números, se debe promover un ambiente seguro, para que las mujeres solo debían concentrarse en su rendimiento deportivo, sin tener que luchar contra el abuso y la discriminación como hasta ahora.